El hallazgo, publicado en la revista Nature, sugiere que la partícula provino de más allá de la Vía Láctea, aunque su origen exacto sigue siendo un misterio.
Los astrónomos tienen hasta mayo de 2025 para recopilar datos cruciales, ya que después de ese mes el objeto dejará de ser visible desde los telescopios terrestres hasta su regreso en 2028.