En una jornada marcada por la incertidumbre política, el Congreso del Perú se prepara para elegir este miércoles al sucesor de José Jerí, destituido tras un escándalo de reuniones irregulares con empresarios. Quien resulte electo asumirá no solo la conducción del Parlamento, sino la Jefatura del Estado con la misión crítica de guiar al país hacia las elecciones generales del próximo 12 de abril.
Los perfiles: Dos visiones en pugna
El abanico de postulantes refleja la fragmentación del Legislativo peruano, con dos figuras de la derecha y dos de la izquierda compitiendo por el sillón de Pizarro.
El bloque de centroderecha
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María del Carmen Alva (Acción Popular): Una figura con experiencia previa en la presidencia del Congreso (2021-2022). Su partido, de histórica tradición democrática, apuesta a su perfil institucional para dar previsibilidad a la transición.
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Héctor Acuña (Honor y Democracia): Ingeniero y empresario, hermano del candidato presidencial César Acuña. Representa a los sectores más conservadores y a las ex autoridades de las Fuerzas Armadas, tras un recorrido por diversas bancadas.
El bloque de izquierda
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Edgar Reymundo (Bloque Democrático Popular): Sociólogo con vasta trayectoria política desde los años 80. Su candidatura busca aglutinar al voto progresista con una impronta de gestión municipal y parlamentaria previa.
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José Balcázar (Perú Libre): Exjuez supremo de 83 años, representa al partido que llevó al poder a Pedro Castillo. Su perfil jurídico es su principal carta de presentación, aunque carga con el peso político de su bancada de origen.
El contexto de la elección
La sesión extraordinaria, programada para las 18:00 horas, llega tras la censura de José Jerí por presuntas irregularidades en contrataciones y reuniones semiclandestinas. El nuevo mandatario interino tendrá un mandato breve pero determinante: garantizar la transparencia de los comicios de abril y realizar el traspaso de mando el próximo 28 de julio.
En un país que ha visto desfilar múltiples presidentes en el último quinquenio, la elección de hoy no es solo un trámite administrativo, sino una prueba de fuego para la frágil estabilidad democrática peruana.