En una escalada retórica sin precedentes, el presidente de EE.UU. acusó a sus aliados de ser un “tigre de papel” ante el bloqueo iraní. Mientras el crudo supera los 119 dólares y la Armada norteamericana intensifica bombardeos, la brecha diplomática con Europa amenaza con reconfigurar el orden global.
WASHINGTON D.C. — El tablero internacional se encuentra en su punto de mayor tensión desde el inicio de las hostilidades. Este viernes, el presidente Donald Trump lanzó una dura ofensiva verbal contra los países miembros de la OTAN, calificándolos de “cobardes” por su resistencia a participar militarmente en la reapertura del Estrecho de Ormuz. El paso marítimo, vital para el flujo energético mundial, permanece bloqueado por Irán tras el ataque conjunto de EE.UU. e Israel que acabó con la vida del ayatolá Alí Khamenei el pasado 28 de febrero.
Desde el Salón Este de la Casa Blanca, Trump no escatimó en descalificaciones hacia sus socios transatlánticos, asegurando que su administración “recordará” la falta de colaboración en un momento crítico para la economía global.
“¡Sin Estados Unidos, la OTAN es un tigre de papel! Se quejan de los precios del petróleo, pero no quieren ayudar a abrir el Estrecho. Es una maniobra simple y de poco riesgo. Son cobardes”, sentenció el mandatario a través de su red social, Truth Social.
El frente militar: “Nadie quiere ser líder en Irán”
Mientras la diplomacia se resquebraja, el Pentágono ha acelerado sus operaciones. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, confirmó que se han solicitado 200.000 millones de dólares adicionales al Congreso para financiar la campaña. Según el reporte oficial, la Armada estadounidense ha logrado resultados devastadores:
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Bajas navales: Se estima el hundimiento de 58 barcos iraníes en solo 48 horas.
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Infraestructura: Más de 120 embarcaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria y bases de misiles de crucero han sido destruidas.
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Despliegue: Estados Unidos está enviando tres buques de guerra adicionales y hasta 2.500 marines al Golfo Pérsico.
Trump aseguró que la capacidad de mando de Teherán está diezmada: “Queremos hablar con ellos, pero no hay nadie con quien hablar. Así nos gusta”, afirmó con su característico tono desafiante.
Shock energético y cautela europea
El impacto en los mercados ha sido inmediato y brutal. El cierre de facto de Ormuz —por donde circula el 20% del crudo mundial— ha disparado el barril de Brent por encima de los 100 dólares, alcanzando picos de 119 dólares. En Europa, el gas natural ha subido un 60%, poniendo a las economías continentales contra las cuerdas.
Pese a la presión de Washington, los líderes europeos mantienen la guardia alta. Si bien Reino Unido, Francia y Alemania han mostrado disposición para “estabilizar los mercados”, rechazan una intervención militar directa. El presidente francés, Emmanuel Macron, fue tajante: “Nadie aquí ha expresado la voluntad de entrar en este conflicto”. Como respuesta a la inseguridad, la OTAN ya ha comenzado a retirar sus misiones de asesoramiento en Irak para reubicarlas en Nápoles.
Un escenario de incertidumbre
La guerra, que entra en su cuarta semana, muestra una fisura también en el eje Washington-Jerusalén. Fuentes de la Casa Blanca sugieren diferencias estratégicas con el primer ministro Benjamin Netanyahu sobre los objetivos finales del conflicto. Mientras Trump descarta por ahora el envío de tropas terrestres a Irán, el asedio aéreo y marítimo continúa, dejando al mundo a la espera de un desenlace que podría redefinir el mercado energético y las alianzas militares para las próximas décadas.