A medida que se acerca el debate de la reforma laboral en la Cámara de Diputados, la fractura interna en la Confederación General del Trabajo (CGT) se profundiza. Mientras la conducción oficial apuesta a una huelga de 24 horas sin movilización, gremios de peso como La Fraternidad y la UOM presionan para endurecer las medidas, advirtiendo sobre un escenario de “anarquía” sindical si no se frena el proyecto oficialista.
El ala dialoguista: “Un paro dominguero” vs. efectividad
Andrés Rodríguez (UPCN), referente del sector más propenso a la negociación, ha sido tajante: un paro por tiempo indeterminado está fuera de discusión. La estrategia de la cúpula cegetista se basa en:
-
Acatamiento masivo: Lograr un cese de actividades total pero pacífico.
-
Presión parlamentaria: Sincronizar la protesta con el día exacto en que Diputados trate el proyecto.
-
Evitar la confrontación: Mantener la imagen de una CGT “no violenta” y evitar incidentes en las calles al no convocar a una movilización al Congreso.
La advertencia de los “combativos”: El fantasma del 2001
En la vereda opuesta, Omar Maturano, titular de La Fraternidad, ha elevado el tono de la discusión. Para el dirigente ferroviario, una huelga de 24 horas es insuficiente ante la magnitud de los cambios en las licencias por enfermedad y otros derechos laborales.
“Si no nos dan la participación que corresponde, la CGT tiene que ir al límite con un paro por tiempo indeterminado”, advirtió Maturano, trazando un paralelismo sombrío con la crisis del 2001 si las bases desbordan a la conducción actual.
Un escenario de incertidumbre
La pulseada interna definirá no solo el éxito de la medida de fuerza, sino también la unidad de la central obrera. El Gobierno, por su parte, observa de cerca este quiebre mientras intenta tejer consensos mínimos en el Congreso para avanzar con reformas que los gremios consideran una declaración de guerra.