Un equipo internacional de astrofísicos ha logrado un hito sin precedentes en la exploración espacial: la creación del mapa de materia oscura con mayor resolución jamás registrado. Utilizando la potencia del telescopio espacial James Webb (JWST), los científicos han logrado visualizar el andamiaje invisible que sostiene y da forma a las galaxias, estrellas y, en última instancia, a la vida misma.

La técnica de la “lupa cósmica”

Dado que la materia oscura no emite, refleja ni absorbe luz, su detección es uno de los mayores retos de la física moderna. Para este mapa, se utilizó la técnica de lente gravitacional débil:

  • El fenómeno: La enorme gravedad de la materia oscura curva el espacio-tiempo.

  • El método: Se analizó cómo esa curvatura deforma la luz proveniente de galaxias lejanas.

  • El resultado: Una imagen con el doble de nitidez que las obtenidas previamente por el telescopio Hubble, revelando filamentos y cúmulos con una precisión quirúrgica.


Cifras y tecnología del hallazgo

El estudio, publicado en Nature Astronomy, es el resultado de un esfuerzo coordinado entre la NASA, la Universidad de Durham y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne.

Indicador Detalle del Hallazgo
Tiempo de observación Más de 255 horas con el JWST
Galaxias identificadas Cerca de 800.000 objetos celestes
Instrumento clave MIRI (Instrumento de Infrarrojo Medio)
Precisión 10 veces más datos que los observatorios terrestres

Un “andamiaje” para la vida

La materia oscura representa aproximadamente cinco sextas partes de la materia total del universo. El hallazgo confirma que funciona como un acelerador cósmico: su atracción gravitatoria permitió que las galaxias se formaran mucho más rápido de lo que lo habrían hecho solo con materia ordinaria.

“Dondequiera que hoy encontremos materia normal en el universo, también hay materia oscura. Son compañeras inseparables desde el principio de los tiempos”, explicó Richard Massey, astrofísico y coautor de la investigación.

Este mapa en la constelación de Sextans se convierte a partir de hoy en la “regla de oro” para la astronomía. Servirá para calibrar futuras misiones, como las de los telescopios Euclid y Nancy Grace Roman, en la búsqueda por descifrar la verdadera naturaleza de este componente que, aunque no vemos, lo rige todo.